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Antecedentes e introducción a la Agenda 21.
El desarrollo sostenible hunde sus raíces
conceptuales en el Informe Brundtland (“Nuestro Futuro Común”),
elaborado en 1987, en el que se concibe la sostenibilidad como la capacidad
de “satisfacer las necesidades presentes sin comprometer la capacidad
de las generaciones futuras de satisfacer las suyas”, es decir, como
una suerte de “solidaridad intergeneracional”.
Si bien por aquel entonces la sostenibilidad era entendida como el “compromiso ético de la economía”, ya se apuntaban desde el propio Informe principios que han resultado esenciales en la moderna concepción del término, como el de acceso equitativo de la población a los recursos, que lleva implícito otro principio ambiental básico, el de la solidaridad inter-territorial, y el principio de democracia pública.
Sobre la base conceptual del Informe Brundtland se gestó la Cumbre de Río de 1992, así como los instrumentos europeos de implementación de la misma: las Conferencias de Aalborg (1994), Lisboa (1996) y Hannover (2000).
De los citados instrumentos surge la moderna concepción de la sostenibilidad, no como una eventual limitación o freno al desarrollo económico, sino como una concepción integral que aúna los pilares básicos que han de sustentar las modernas civilizaciones, a saber: alcanzar la justicia social, lograr unas economías sostenibles y disponer de un medio ambiente duradero. Así pues, se evoluciona de un enfoque de marcado carácter economicista a un enfoque integrador de lo social, lo económico y lo ambiental.
No obstante, para la correcta interpretación del concepto de sostenibilidad ha de tomarse en consideración uno de los principios básicos en materia ambiental, resumido en la máxima “pensar global, actuar local”. De este modo, si bien la sostenibilidad es un concepto genérico y aglutinador de los más diversos campos y, por tanto, ha de ser concebida desde un punto de vista global y generalista, su aplicación práctica pasa por la actuación local de cada uno de los habitantes del planeta, resultando esencial a este respecto la democratización de las instituciones a la que anteriormente se alude.
En este contexto, y como instrumento de implementación de las políticas anteriores surge, a partir de la cumbre de Río, el principal instrumento para alcanzar la sostenibilidad localidad por localidad, la Agenda 21.
Por su parte, la adhesión de los municipios al proceso de Agenda 21 opera a través de la suscripción de la Carta de Aalborg o, en el caso de los municipios valencianos, de la Carta de Xàtiva, de 30 de mayo de 2000. En este sentido, la suscripción de los municipios de la Carta de Xàtiva implica:
- Adherirse a la Carta de Aalborg con el objeto de potenciar el desarrollo sostenible de las ciudades y pueblos valencianos mediante la participación ciudadana y la implicación de sectores económicos y sociales.
- Integrarse en el Consorcio- Red de Municipios Valencianos hacia la sostenibilidad, cuyo objetivo es servir de instrumento para que los municipios evolucionen hacia situaciones de mayor sostenibilidad económica, ambiental y social, mediante la transmisión de información, la aportación de medios técnicos, la promoción de acciones conjuntas con la red europea de ciudades sostenibles, el intercambio de experiencias, la búsqueda de financiación externa, y cualquier otro que persiga la consecución de un Desarrollo Sostenible en los municipios valencianos.
En resumen, puede decirse que la Agenda 21 Local es un instrumento para la toma de decisiones en el municipio, considerando la viabilidad económica, la integración social y el respeto al medio ambiente, mediante la elaboración de una auditoría ambiental con participación ciudadana, teniendo como fin último la sostenibilidad.